José Solís de los Santos: «El epítome de métrica grecolatina de Calvete de Estrella (Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 4237)» [coautora R. Carande], eHumanista 24 (2013) 491-509.

Abstract: This article deals with an unpublished Latin treatise on classical metre by Calvete de Estrella, De uersuum genere epitome, Salamanca 1586, which is kept on the Biblioteca Nacional de España in Madrid, and also offers some observations about other works of this humanist and the Spanish scholarship of his time. The main sources of Calvete’s treatise are identified by comparing several items of it with Jacob Micyllus’ De re metrica liber I, and the some Greek technopaegnia in the edition of Theocritus by Henri Estienne.

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5487462

https://www.ehumanista.ucsb.edu/sites/secure.lsit.ucsb.edu.span.d7_eh/files/sitefiles/ehumanista/volume24/ehum24.carande.solis.pdf

https://www.academia.edu/72700599/El_ep%C3%ADtome_de_m%C3%A9trica_grecolatina_de_Calvete_de_Estrella_Madrid_Biblioteca_Nacional_ms_4237_

https://classicahispalensia.es/estudios/204-el-epitome-de-metrica-grecolatina-de-calvete-de-estrella-r-carande-j-solis-2013

BNE MSS/4237 https://catalogo.bne.es/permalink/34BNE_INST/t69fqm/alma991030752579708606

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El epítome de métrica grecolatina de Calvete de Estrella
(Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 4237)

Rocío Carande
José Solís de los Santos
(Universidad de Sevilla)

  1. I. La fortuna ascendente del Maestro Estrella

            El humanista Juan Cristóbal Calvete de Estrella (Sariñena, ca. 1510 - Salamanca, 1593) recibió la atención que la erudición española solía dispensar a la producción latina del periodo áureo de nuestra literatura. El académico Francisco Cerdá y Rico (1739-1800) ofreció en la octava y última edición de su monografía histórica De Aphrodisio expugnato[1] un muy nutrido y razonado elenco de sus obras, que habría de surtir posteriores repertorios.[2] Al margen de esta actividad editora de obras humanísticas del Siglo de Oro realizada en España en la época de la Ilustración, en 1741 se había publicado por primera vez un poema épico en endecasílabos falecios sobre un episodio de la historia indiana, la pacificación del Perú entre 1541 y 1544 por el oidor y consejero real Cristóbal Vaca de Castro. Dicho poema, Vaccaeis, constituía una parte introductoria de la biografía encomiástica del segundón de este prócer, Pedro de Castro y Quiñones (1534-1623), arzobispo de Granada (1589) y Sevilla (1610), y por ser, sin duda, una mera transcripción quedó eliminado en la reedición que de la misma biografía se hizo en 1863.[3] A finales del xix el erudito Antonio Paz y Melia (1842-1927) exhumó una obra histórica a nombre del humanista aragonés sobre aquellos acontecimientos peruanos,[4] y a mediados del pasado siglo el académico y subdirector de la Biblioteca Nacional José López de Toro (1897-1972),[5] a través de pesquisas de fuentes manuscritas, publicó nuevas reproducciones y las primeras traducciones de algunas obras de esta figura destacada entre los humanistas del Quinientos. Pero no ha sido hasta los últimos años cuando la Universidad española ha abordado con el rigor necesario tanto la edición crítica de sus obras latinas de mayor aliento, como el estudio de su importante labor como docente y cortesano. La edición crítica por Juan José Martos Fernández de los De rebus Indicis libri vii /p. 492/ ha permitido indagar aspectos de episodios de la historia del Perú que no se encuentran en ninguna de las otras fuentes de la historiografía indiana.[6] Las investigaciones de José Luis Gonzalo Sánchez-Molero sobre la educación de Felipe II han revelado el influjo del humanista sobre cultura e ideología de la Corte castellana.[7] Los estudios y ediciones de sus principales poemas por Manuel Antonio Díaz Gito han terminado por despejar el estado de la cuestión de la totalidad de su obra.[8]

  1. II. La estancia en Flandes en su trayectoria profesional

            Pese a esta impronta latina que, a fuer de humanista, su figura exhibe, Calvete alcanzó enorme notoriedad con una voluminosa obra en castellano, El Felicíssimo Viaje del muy alto y muy poderoso Príncipe don Phelippe, hijo del Emperador don Carlos Quinto Máximo, desde España a sus tierras de la Baxa Alemaña, con la descripción de todos los Estados de Brabante y Flandes (Amberes: Martín Nucio, 1552), en la cual ofreció completa relación de los actos protocolarios, entradas triunfales, juramentos, festejos y banquetes que se celebraron en honor del entonces príncipe Felipe durante su viaje por el norte de Italia, Austria, Alemania y estancia en los Países Bajos, desde noviembre de 1548 a mayo de 1551. Fue la crónica enaltecida y propagandística del itinerario de una operación política mediante la cual Carlos V pretendió introducir, infructuosamente, al heredero de sus reinos hispanos en el legado del Sacro Imperio, del cual ya había separado la soberanía de los Países Bajos y el ducado de Milán. Tal designio justificó el gasto y el empeño de esta publicación ricamente ilustrada, en cuyo contenido nuestro humanista plasmó todo el artificio de estas arquitecturas efímeras, convirtiéndose no solo en la obra de referencia para historiadores de aquellos hechos, sino también en un modelo para celebraciones posteriores y, desde luego, para sus correspondientes relatos.[9]

            Gracias a su incorporación al séquito del príncipe como cronista de aquel acontecimiento, Calvete de Estrella pudo ampliar el campo de sus relaciones profesionales mediante contactos con los humanistas españoles y flamencos de tanta importancia en la literatura y el pensamiento del Siglo de Oro,[10] amén de reflejar en esta su emblemática obra pruebas de su admiración por Erasmo y otras figuras de la cultura europea del momento, como Alciato, Vida o Cardano.[11] En lo que respecta a la materia que nos ocupa, el humanista zaragozano Juan de Verzosa (1523-1574) había dado a la imprenta en los Países Bajos su tratado de prosodia griega (Verzosa 1544), siguiendo la petición de sus alumnos de la universidad lovaniense; lo mismo acabaron haciendo otros humanistas hispanos, a causa de la falta de adecuados caracteres griegos en la tipografía peninsular.[12] En los mismos talleres del Felicíssimo Viaje, Calvete llevó a cabo su primer ensayo como historiador, la mencionada monografía De Aphrodisio expugnato, quod uulgo Aphricam uocant, commentarius (Amberes: Martín Nucio, 1551), de inmediato incluida en una colección de obras sobre las gestas africanas del emperador y poco después traducida y comentada en medios /p. 493/ universitarios salmantinos.[13] También estuvo a su cargo la edición de El Cavallero determinado (Amberes: Joannes Steelsius, 1553), que tradujo el mismo Carlos V y puso en verso el capitán Hernando de Acuña (1520-1580). Este poemario, ilustrado con alegóricos grabados, venía a satisfacer los deseos personales del emperador, que se había educado en la mentalidad ascética y caballeresca de Borgoña en el ocaso de la Edad Media, según se representaba en el original de esta obra, Le chevalier délibéré, de Olivier de la Marche (1425-1502). En la simbología de El Cavallero determinado se inspirará Calvete para elaborar los emblemas y motivos del túmulo erigido en la capital castellana para las exequias del emperador, El túmulo Imperial, adornado de historias y letreros y epitaphios en prosa y verso latino, por Juan Christóval Calvete de Estrella (Valladolid: Diego Fernández de Córdoba, 1559),[14] hito de una trayectoria de humanista áulico que se había iniciado entre 1533 y 1534 con la dedicatoria de un Libellus epigrammaton[15] y un discurso panegírico,[16] y más tarde, en 1540, se vio recompensada en la Corte con ‘averse nombrado de prestado para que sirva’ de maestro del príncipe Felipe.[17]

El maestro Estrella —el apellido Calvete o Calvet empezaría usarlo a partir de 1550— había accedido a la Corte castellana al amparo de Juan de Zúñiga y Avellaneda (1488-1546), ayo del príncipe desde 1535, quien al renovar por voluntad regia el equipo docente del heredero lo había incorporado a la plantilla como profesor de los pajes, entre los cuales se hallaba su propio hijo Luis de Requesens, además de otras figuras destacadas de la política y de las letras del siguiente reinado, como los poetas épicos Alonso de Ercilla y Luis Zapata. Se formó académicamente en Salamanca, donde fue uno de los discípulos de Hernán Núñez (1475-1553), el Comendador Griego,[18] pero solo alcanzó el grado de bachiller, según consta en la cédula de su nombramiento,[19] baja titulación que debió de ser obstáculo  a su nombramiento formal como preceptor del príncipe, reservada a ‘la gran calidad de la persona’, que diría Don Quijote, y a un acreditado rango de estudios,[20] a pesar, no obstante, de la marcada influencia que habría de ejercer el maestro de los pajes en la orientación humanista del joven Felipe, al menos en sus lecturas.[21] En la ciudad del Tormes contrajo matrimonio en 1538, antes de su cometido en la Corte, con Ana Vaca de Villarruel, que pudo /p. 494/ tener parentesco con la familia Vaca de Castro,[22] a la que pertenecieron el protagonista de su épica histórica y quien acabará siendo su definitivo mecenas, el arzobispo don Pedro de Castro, después de haber intentado poner su oficio de polivalente humanista al servicio de otros cortesanos y mandatarios, y, en especial, con la pretensión del codiciado puesto de cronista real.[23]

III. Noticias del manuscrito de métrica

En esta vertiente de su carrera se inscribe el tratado inédito que nos ocupa, fechado en Salamanca, en julio de 1586. Fue López de Toro quien ponderó este tratado de métrica en la nota preliminar de su edición cotejada y traducción del mencionado poema histórico en falecios Vaccaeis, en la cual transcribió el epigrama nuncupatorio al mismo prelado Pedro de Castro que de seguida comentaremos.[24] Supuso que el manuscrito, cuya signatura no indicó, ‘una magnífica pieza en cuanto a su forma externa, debió de venir a la Biblioteca Nacional por el mismo conducto que el manuscrito 17917 (De rebus Vaccae Castri) y que el de la familia de los Lecca, que va acompañado de otros muchos asuntos relacionados con personajes de Sevilla’. Pero si bien apuntó a señalar cierta vinculación de algunos manuscritos de Calvete con Sevilla, ya se sabía que el de métrica había sido registrado por Bartolomé José Gallardo (1776-1852) entre los manuscritos de la misma Biblioteca Nacional.[25] La procedencia de este se remonta a 1720, con la incorporación de los fondos del historiador Juan de Ferreras García (1652-1735), según consta en un índice manuscrito catalogado por la misma biblioteca mucho después.[26] En efecto, en este índice se registra claramente este tratado de métrica: ‘Diego de Estella [Juan C. Estella Calvete] arte de versificar en latín, año de 1586, de admirable letra. [MS 4237]’, señalándose igualmente que Ferreras compró la mayor parte de esos volúmenes en la almoneda del jurista sevillano Juan Lucas Cortés (1624-1701).[27] A partir de aquí se desvanecen las noticias concretas, pues si bien Ferreras declaró haber adquirido muchos inéditos de la librería de este erudito jurista,[28] no hay referencia alguna al manuscrito de métrica de Calvete en el inventario de sus libros,[29] por más que abre otras incógnitas el hecho de que fuera compañero e íntimo amigo de Nicolás Antonio (1617-1684), cuya entrada dedicada al humanista de Sariñena constata la existencia de un poema manuscrito en poder del doctor Martín Vázquez Siruela (1600-1665), /p. 495/ racionero en el cabildo hispalense.[30] Igualmente en Sevilla se localizaba una copia de sus inéditos Elogios, cuya consecución se frustró por la devastadora peste de 1649.[31] Tampoco confirma nada al respecto un indeterminado ‘otro cuerpo dorado de Stella’, que constaba entre los libros de Calvete poseídos por el arzobispo destinatario del tratado,[32] pues es muy probable que, de serlo, habría quedado junto a los otros en la abadía del Sacromonte cuando Pedro de Castro salió a ocupar la mitra hispalense. Todo lo cual lleva a concluir que este manuscrito bien podría haber quedado en Valladolid, si acaso hubiere llegado a poder de su destinatario, dado que le fue dedicado cuando ostentaba la presidencia de esa Chancillería, pues anteriormente había presidido la de Granada. La rica biblioteca del humanista, algunos de cuyos libros no se contaban ni siquiera en la del rey[33], se dispersó y malvendió en manos de sus herederas, hasta el punto de que a mediados del xvii sólo podía hallarse en Salamanca como vestigio de su copiosa obra algún ejemplar de El Felicíssimo Viaje.[34]

  1. IV. El poema dedicatorio y prográmatico

Al haber sido reproducido con algunos errores y sin traducción, vamos a presentar la edición del poema nuncupatorio por contener este también cierto carácter programático del tratado y mostrar, una vez más, la destreza de su autor en este tipo de composiciones de circunstancias.

Ad illustriss. Petrum Castrum Quinnonium consilii Pintiani praesidem Stellae epigramma

                        Haec dat Stella tuus, Petre illustrissime praeses
                           consilii, quod habet Pintia iuridicum,
                        quo ius cuique suum Hispani sub nomine regis
                           redditur et laudem Pintia habet celebrem,
5                      quae gaudet ripis Pisorcae et Vallis Oleti
                           a duce Maurorum dicitur egregio,
                        quae natale solum fuit olim et regia diues
                           praestantum regum nobilis Hesperiae.
                        Haec dedit ex syluis Parnasi Stella canori,
10                       quae sunt a doctis tradita grammaticis.
                        Et genera et species metri uariasque figuras
                           explicuit uerbis ut potuit nitidis.
                        Nec magis illustre hoc potuit dare uersibus, ille
                           quos Maro, quos uates Moeonius cecinit,
15                    et quos Thebanus facundo Pindarus ore
                           protulit, et Flaccus personuit cithara,
                        et quibus egregiam laudem nomenque poetae
                           aeternum tragici et comici in orbe tenent,
                        et quibus elugent elegi atque epigrammata gaudent
20                       (illa augent curas, haec fera corda mouent),
                        et celebrant hymni laudes diuum et pia facta,
                           et satyrae carpunt praua hominum uitia.
                        Haec laeto accipies animo, Petre inclyte praeses
                           atque decus Castrae Quinnoniaeque domus.
/p. 496/

Epigrama de Estrella al Ilmo. Pedro de Castro y Quiñones, presidente de la Chancillería vallisoletana.

Estas cosas te ofrece tu Estrella, Pedro, ilustrísimo presidente del consejo judicial que tiene Pincia, en el cual se restituye a cada cual su derecho bajo la autoridad del rey español y tiene célebre gloria Pincia, (5) que disfruta de las riberas del Pisuerga y se llama Valle de Oleto por un egregio jefe de los moros, que fue otrora tierra natal y corte opulenta de los excelsos reyes de la noble Hesperia.

Estrella te ha dedicado estos asuntos de las selvas del melodioso Parnaso (10) que transmitieron los doctos filólogos. Tanto los géneros como las clases de metro y las diferentes figuras ha explicado con las lúcidas palabras que ha podido. Y no ha podido dar más realce que este a los versos que el famoso Marón y el poeta de Meonia cantaron, (15) y a los que declamó con elocuente voz Píndaro Tebano, y Flaco moduló con su cítara, y aquellos con los que los poetas trágicos y cómicos obtienen en el mundo egregia gloria y fama eterna, y con los que lloran las elegías y gozan los epigramas (20) –aquellas aumentan las cuitas, estas conmueven a los fieros corazones— y con los que los himnos celebran las alabanzas de los dioses y las hazañas piadosas, y las sátiras los depravados vicios de los hombres.

Estas cosas aceptarás de buen talante, Pedro, ínclito presidente y honra de la casa de Castro y Quiñones.

El exordio (1-8) extiende la alabanza del dedicatario a la principal función de su cargo y a la ciudad en que se desempeña a través de la cita (3) de la aforística definición de justicia tal como aparece en el Digesto, 1.1.10. Los humanistas hallaron nombres con reminiscencias clásicas para las localidades contemporáneas, a despecho, casi siempre, de su verdadera ubicación, como es el caso de ‘Pintia’ (4-5), tal vez por ensombrecer una detestada influencia árabe, que difundía por entonces una errónea etimología (6) popular,[35] para la gran ciudad castellana que, además de sede suprema de justicia, fue cuna de reyes, Enrique IV y Felipe II, y capital de las Españas (7-8) hasta el traslado de la Corte a la villa de Madrid (1561). La breve peroratio de la conclusión (23-24) enlaza con el permanente tono encomiástico[36] del exordio, para expresar en el núcleo de la nuncupatoria la síntesis claramente definida de los contenidos del tratado (9-22), a saber: la doctrina de los gramáticos acerca de la variedad de formas poéticas (9-10). La explicación clara de los géneros de versificación y tipos de versos y estrofas (11-13). La épica (14), la lírica (15-16), los versos del drama (17-18), la elegía y el epigrama (19-20), la poesía hímnica y religiosa y la sátira (21-22).

  1. V. Descripción del manuscrito

El manuscrito BNE 4237, De uersuum genere epitome, de 205 x 145 cm., consta de 80 hojas, [1], fols i-lxxvii, [2] fols; tiene numeración romana desde el comienzo del tratado, al que precede el fol. con el epigrama.[37] Los 80 folios, con moderna numeración a lápiz, están formadas por 10 cuadernillos con la signatura señalada en la forma habitual impresa, A8-I8, L7; /p. 497/ esta signatura original tiene un error en fol. xir: Aiii, en vez de Biii. Letra caligráfica a línea tirada con 18 renglones por página. Al fin (fol. lxxviir): Salmanticae / Mense Iulio / An. / m. d. lxxxvi. En la mitad inferior de esa penúltima página, hay dibujo de una rosa de los vientos con el lema virgiliano alrededor: sic itvr ad astra, en clara alusión a su nombre.

Como bien indica su título, Epítome de los tipos de versos, y el propio autor declara en la dedicatoria (9-10), consiste en un resumen o compendio de la doctrina al uso que aparece en otros tratados, antes que una monografía producto del estudio original sobre esta materia, según parece inferirse de la denominación que se le ha venido asignando.[38]

            El Epitome está dividido en 37 capítulos o secciones sin numerar, que, con excepción del primero, se señalan en mayúsculas y con adornos caligráficos: 1) (incipit) Pedes dysyllabi (sic) simplices (fols ir-iv). 2) De arsi, thesi et proportione (fol. iiv). 3) De uersibus seu metris (fol. iiiv). 4) De quantitate uersuum (fol. ivv). 5) De forma (fol. vv). 6) De depositione (fol. vir). 7) De ge<ne>re et specie (fol. viiir). 8) De iambico genere (fol. viiiv). 9) De trochaico metro (fol. xiiiv). 10) De genere dactylico (fol. xviiiv). 11) Σύριγξ (fol. xxviiv). 12) De secundo genere dactylicorum (fol. xxixr). 13) De tertio genere dactylicorum (fol. xxixv). 14) De genere anapaestico (fol. xxxv). 15) De genere choriambicum (fol. xxxivv). 16) De antispastico metro (fol. xxxviiiv). 17) De metro ionico a maiore (fol. xliiir). 18) De altero genere ionicorum quod epionicum uocatur (fol. xlvr). 19) De ionico metro a minore (fol. xlvv). 20) De paeonico uersu (fol. xlixr). 21) De metris compositis (fol. liiiv). 22) Composita a trochaico commate (fol. lvv). 23) De dactylico commate (fol. lviv). 24) De incipientibus ab anapaestico commate (fol. lviiir). 25) De incipientibus a choriambico commate (fol. lviiiv). 26) Quae a paeone commate incipiunt (fol lixr). 27) De generibus mixtis (fol. lixv). 28) De dispositione pedum (fol. lxiv). 29) De caesura (fol. lxiir). 30) De scansione (fol. lxiiiv). 31) De figuris quae accidunt scansioni (fol. lxiiiiv). 32) De dialysi siue diaeresi (fol. lxviiv). 33) De synalepha (fol. lxviiiv). 34) De ecthlipsi (fol. lxxiv). 35) De parellipsi et diaplasiasmo (fol. lxxiiir). 36) De systole et diastole (fol. lxxiiiir). 37) Βωμός (fol. lxxvv).

  1. VI. Contenido del epítome

            El manuscrito comienza con la enumeración de los distintos pies (fols ir-iiv), desde los de dos sílabas hasta los de cuatro. Sigue el capítulo 2), De Arsi, Thesi et Proportione, sucinta explicación de los tiempos que componen el pie y las diversas combinaciones de sílabas breves y largas que puede haber en cada uno. Ya desde el fol. iiiv, Calvete entra en el tema principal, que es la descripción de los versos (De Versibus seu Metris), divididos en simples, compuestos y mixtos o polisquemáticos. Cada tipo de verso es brevemente descrito e ilustrado con ejemplos tomados de la poesía griega y sobre todo de la latina. Tras la descripción de los metros, que ocupa el grueso del volumen (fols viiir-lxiv), siguen unas breves cuestiones de prosodia: De Dialysi siue Diaeresi, De Synalepha, De Ecthlipsi, De Parellipsi et Diaplasiasmo, De Systole et Diastole. Para terminar, y de forma un tanto inesperada, Calvete decide añadir dos párrafos desconectados de lo que precede: el primero, un comentario métrico de un technopaegnion griego, el Altar (Βωμός o Ara), sobre cuya autoría Calvete no se manifiesta (fols lxxivv-lxxviv), limitándose a apuntar que se suele encontrar en las ediciones de los Idilios de Teócrito. Tras el comentario, Calvete aporta el texto griego, con un breve comentario sobre las dos licencias métricas que presenta el penúltimo verso; curiosamente, a continuación admite que otras ediciones —de Venecia y Basilea— dan una lectura distinta, y a continuación añade los cuatro últimos versos según /p. 498/ dichas ediciones. Por fin, la obra acaba, de modo inesperado, con una disquisición sobre las contiendas poéticas pastoriles de los Idilios de Teócrito.

Lo primero que sorprende es que, en una época en que se solía dar más importancia y conceder más espacio a la prosodia que a la métrica,[39] no encontremos aquí las prolijas reglas prosódicas que solían establecer los humanistas del siglo xvi. Pero también la doctrina prosódica bajomedieval había sufrido una amplia elaboración con respecto a los gramáticos medievales.[40] Por lo demás, resulta revelador que ya se abordara el estudio de la métrica clásica con el amplio enfoque de los humanistas cuando estos aún no habían llegado a serlo, pues en la generación anterior a Petrarca Lovato Lovati de Padua (ca. 1240-1309) había ido más allá de la explicación del dístico elegíaco redactando un breve tratado de métrica de Séneca y, en la misma época, Nicholas Trivet (ca. 1259-1328) exponía el metro yámbico.[41]

Ciñéndonos a la tratadística hispana, Nebrija había dedicado a la prosodia la última parte del libro iii de sus Introductiones Latinae en la editio princeps (1481), capítulo que reelaboró como libro v en la segunda edición (ca. 1485) y en la recognitio de 1495 añadió a las fórmulas cuasi mnemotécnicas una amplia orla de glosa en la que ofrecía, con ejemplos, la descripción de los principales metros.[42] En 1513 Nebrija publicará en Sevilla, una disertación salmantina sobre el acento meses después de imprimirse en Barcelona un opúsculo con similar esquema, Martini Iuarrae Cantabrici De prosodia hoc est accentu libri duodecim (Barcelona: Johannes Rosenbach, 1513), al que parece haber seguido la citada disertación, Aelii Antonii Nebrissensis Repetitio nona. De accentu latino aut latinitate donato (Sevilla: [Jacobo Cromberger], 1513) [43]. En el círculo universitario salmantino el portugués Arias Barbosa (ca. 1470-1540) publicó un ensayo de prosodia latina algo más extenso, Arii Barbosae Lusitani Relectio cui titulus Prosodia et Ortographia (Salamanca: [Juan de Porras], 1517)[44]. De la escuela complutense del maestro de Calvete en Salamanca, el Comendador Griego, que dejaría Alcalá en 1521, contamos con el opúsculo sobre prosodia griega, ‘De syllabarum quantitate regulae quaedam generales’, incluido desde la primera edición en Francisco de Vergara, De Graecae linguae grammatica libri quinque (Alcalá de Henares: Miguel de Eguía, 1537)[45]. En el mismo ámbito universitario aparece el opúsculo de prosodia latina Gasparis Hieronymi Vallii Complutensis de Prosodia Liber (Alcalá de Henares: Juan de Brocar, 1553).

Entre otros tratados de prosodia publicados antes de la redacción del Epitome de Calvete, además del ya mencionado sobre prosodia griega de Verzosa, que se publicó en los Países Bajos con un concreto fin didáctico, está el empleado en los colegios jesuitas, De Institutione Grammatica libri tres, del portugués Manuel Álvares (1526-1583), cuya primera edición en Lisboa: Joannes Barrerius, 1572, inició una expansión editorial que abarcará /p. 499/ hasta los dos siglos siguientes.[46] Muy distinto es el propósito de Calvete, que ofrece solamente una explicación resumida de los metros grecolatinos, ilustrándolos con abundantes ejemplos de poetas clásicos, cuyos versos presenta con escansión intercalada para mostrar el esquema que los constituye.

VII. Aparato de autoridades

            Como no podía ser menos, el compendio de Calvete está plagado de referencias eruditas, tanto al Enchiridion de Hefestión como a los tratados romanos de Terenciano Mauro, (el manual versificado De litteris syllabis et metris liber), Servio (De centum metris), Diomedes (Ars grammatica), Prisciano (Institutiones grammaticae) y otros. Los esquemas métricos, como ya se ha dicho, van acompañados de ejemplos de la poesía griega y latina. Mucho menos frecuentes son las citas de autores del Renacimiento, que merece la pena detallar aquí. En fol. iiir, a propósito de la duración del arsis y la tesis en cada tipo de pie: ‘ut ex Terentiano et Aldo liquet, simpla probatur (proportio) in dactylo, anapaesto et choriambo’. Aunque no se cita la obra en cuestión, la referencia es a las Institutiones grammaticae de Aldo Manuzio, dedicadas a Erasmo de Rotterdam, cuya editio princeps es de Venecia: Andrea Torresani, 1493. La cita corresponde al libro iv, De metris. En fol. lxixv, sobre el hiato prosódico: ‘Ioannes Riuius multa diligenter annotauit in castigationibus in Terentium’. Johannes Rivius de Attendorn (1500-1553) publicó en 1532 sus Castigationes plurimorum ex Terentio locorum (Colonia: Ioannes Gymnicus). Y sigue Calvete: ‘et Iouianus Pontanus contra praeceptiones grammaticorum’: se refiere al diálogo Actius de numeris poeticis de Giovanni Pontano (1429-1503), que trata sobre cuestiones estilísticas del verso y de la prosa; junto con Aegidius y Asinus, el Actius fue publicado póstumamente por el napolitano Pierio Summonte (1453-1526) en Nápoles: Sigismundus Mayr, 1507. En fol. xxviiiv, a propósito de la cantidad de la i de σοφίη: In ultimo pede in dictione σοφίης ponitur i breue pro longa. Est enim σοφίης I breue, ut apud Virg. in Cyri Florentis uirides Sophia complectitur umbras. Quanquam Pontanus in ‘Hendecasyllabo’ hoc: quandoque et iocus addecet sophiam produxit. Se refiere a los dos libros de Hendecasyllabi siue Baiae, publicados también por Summonte en Pontani Opera (Venecia: Aldo Manuzio, 1505); Pontano escribió sophīa en 2, 3, 2 y 4; 2, 6, 2 y 19; 2, 26. En fol. xxxr hay una referencia al poeta Michele Marullo (ca. 1453-1500), a propósito del tertium genus dactylicorum: trimeter acatalecticus, qui constat duobus dactylis et trochaica syzygia, quale est illud Boetii […] et Marulli lib. 4 Rhacusae dimetro iambico subiunctum: Gens laeta conuectis uiroque flumine flammiferentis Astri.[47]

VIII. Fuentes

            Pese a la abundancia de referencias a los gramáticos y a las citas de poetas antiguos y contemporáneos, la erudición desplegada por Calvete no deja de resultar sospechosa de ser de muy segunda mano. Por ejemplo, son notorios los errores del copista: en fol. xivv, en la enumeración de los versos trocaicos, falta el monómetro trocaico braquicataléctico; /p. 500/ en fol. xxiiiir, hay una errata que cambia el sentido de la frase: ‘Lagari uersus sunt quibus syllaba uel tempus in medio est’ (est por deest); en fol. xxxiiir: ‘Trimeter Acatalecticus constat quinque pedibus simplicibus’ (quinque en lugar de sex); en fol. xlr, un ejemplo de dímetro antispástico braquicataléctico en Píndaro aparece por error bajo el dímetro hipercataléctico; en fol. liv, se lee Tetrameter Acatalecticus Paeonicus en lugar de Catalecticus; el tetrámetro acataléctico aparece tratado en el folio siguiente. Más significativas son las alusiones a traductores de versos griegos cuyo nombre se omite: en fol. xxviiv, a propósito de la Siringa de Teócrito, Calvete menciona que un interpres Latinis uersibus eiusdem generis uertit; en fol. lxxivv, a propósito del Altar, menciona en cambio que interpres Graecus nullam facit mentionem. Es evidente que se refiere a un traductor de los Idilios de Teócrito, cuyo nombre convenía omitir, al contrario que los de los gramáticos antiguos, ampliamente citados.

            En 1530, el humanista y poeta latino Eobanus Helius Hessus (Eoban Koch, 1488-1540), había publicado una traducción en verso latino de los Idilios de Teócrito (Teócrito 1530). La traducción de Eobanus incluye la Siringa, pero no otros technopaegnia sí recogidos en el original griego y explicados por Calvete: el Hacha (fol. xxxviir, al final de la exposición sobre los versos coriámbicos) y las Alas (inmediatamente después, en fol. xxxviiv); tampoco figura en la traducción de Eobano el Altar, que Calvete incluye al final de su tratadito (fols lxxvv-lxxviv). La versión de Eobanus gozó de amplia difusión durante el siglo xvi, y fue reeditada en muchas ocasiones, a veces acompañando al texto griego, como en la edición de Fráncfort: Petrus Brubachius, 1545; o la de París: Guillelmus Morelius, 1550. La ausencia del nombre de este traductor en el opúsculo de Calvete está justificada por tratarse de un autor prohibido por el Index de libros y autores prohibidos del Santo Oficio publicado en Roma en 1558 y 1559, por el impresor pontificio Antonio Blado d’Asola; también fueron prohibidos sus omnia opera en el Cathalogus  librorum qui prohibentur del Inquisidor General y arzobispo hispalense Fernando de Valdés (Valdés 1559). Así pues, el texto griego de los otros technopaegnia (Hacha, Alas, Altar) procede de una fuente distinta, como explicaremos infra.

            La peculiar estructura del Epitome, que repasa con premura los metros grecolatinos y apenas se detiene en explicaciones teóricas, aunque aporta gran cantidad de citas de los gramáticos antiguos, hace pensar en la existencia de una fuente principal que ha ido resumiendo sin mencionar título ni autor. En efecto, Calvete, en la casi totalidad de este su compendio, no hace sino condensar el trabajo del humanista y poeta latino de Estrasburgo Jacobus Micyllus (Jacob Molsheim o Moltzer, 1503-1558) en su monumental De re metrica libri tres (Fráncfort: Christian Egenolff, 1539), cuyos libros segundo y tercero están dedicados a la prosodia[48]. La obra de Micyllus, de enorme extensión (unos 1.000 fols.) fue reeditada una sola vez, en 1569, lo que muestra que su propósito iba mucho más allá del de un manual escolar, como señala Leonhardt (1989, 265-6, y 1996, 314). El libro i trata de métrica; el ii y el iii, que se ocupan de la cantidad de las sílabas, contienen una infinidad de reglas para reconocer la cantidad de las mismas,[49] de acuerdo con la práctica seguida por los humanistas antes referida; en este aspecto, había sido una excepción el primero de los tratados renacentistas de métrica, el De metris de Niccolò Perotti, de 1453, que basó directamente en las fuentes griegas y latinas;[50] Perotti, en efecto, se ocupaba solamente de métrica, a diferencia de los tratadistas posteriores, preocupados sobre todo por la prosodia latina; asimismo, Perotti, siguiendo a Servio, describía una serie de versos que no aparecen nunca en la poesía latina, sino solamente en la griega (cf. Leonhardt 1989, 160-4).

            Para los propósitos de Calvete interesaba solo el libro i del De re metrica de Micyllus, centrado exclusivamente en esta materia, y, a tal fin, extracta los 242 folios de este primer libro, recogiendo las citas de gramáticos grecolatinos, ninguna de las cuales fue, al parecer, realmente consultada por Calvete. Aunque el título de Epitome revela que estamos ante el resumen de una obra anterior, en ningún momento se cita al autor original, sin duda porque todas las obras de Iacobus Micyllus, como las del citado Eobanus Hessus, habían sido /p. 501/ prohibidas en el Index romano (Index 1559), y en cuanto al De re metrica, el hecho de ostentar un prólogo de Melanchthon, amigo y correligionario de Micyllus,[51] hacía acreedor al autor de este modesto compendio de una gravísima persecución de la Inquisición española que habría destrozado toda su carrera.[52]

            El Epítome de Calvete reproduce el orden y el nombre de los capítulos con casi total fidelidad, del modo siguiente: De pedibus (Micyllus, fols 2v-21v, Calvete, fols ir-iiv), en este capítulo Calvete omite la enumeración de los pies de cinco sílabas o más con tan pertinente como vaga referencia: ‘pentasyllabi pedes et hexasyllabi, quod non adeo sint frequentes, a Grammaticis petantur’. De arsi, thesi et proportione (Micyllus, fols 21v-24r, Calvete, iiv-iiiv). De quantitate uersuum, De genere, De depositione (Micyllus, fols. 25r-30r, Calvete, ivv-viiir). De genere et specie; esta es la parte central y la más extensa en ambos libros, ocupando los fols 30r-124v de Micyllus, y los fols viiir-lxiv de Calvete. Aquí se enumeran los distintos genera: yámbico, trocaico; los tres dactílicos, el primero de los cuales (fols 30v-56v de Micyllus) finaliza en el original con la Fistula Theocriti in Latinum conuersa per Hel. Eobanum Hessum, con escansión de los versos; Calvete recoge este primer genus dactylicum en sus fols xviiiv a xxviiir, catalogando cada verso y aportando su escansión, y, al igual que Micyllus, añade la Siringa, aunque en este caso utiliza una fuente distinta, ya que aporta el texto griego con su escansión.

            En cuanto a las modificaciones introducidas por Calvete, podemos señalar las siguientes: 1) la ilustración de cada verso con ejemplos griegos y latinos suele ser más sucinta, omitiéndose parte de los versos griegos y basándose, en lo posible, en los latinos. También la terminología es distinta,[53] pues Calvete, al enumerar los versos de cada genus metricum, omite las denominaciones griegas, como Adonius, Archilochius, Ithyphallicus, Alcaicus, etc. 2) En algún caso, Calvete cambia de lugar un párrafo de su fuente: los fols. lvv-lvir contienen un resumen del fol. 32r de Micyllus, que deberían haber figurado en el fol. xv, a propósito del Monometrum trochaicum acatalecticum. Ello parece indicar que Calvete había leído en su integridad la fuente utilizada antes de resumirla. 3) En el caso de las referencias a autores contemporáneos, ya hemos dicho más arriba que Calvete omite toda referencia al nombre de Eobanus Hessus, al que sí mencionaba repetidamente Micyllus; una sola cita procede del propio Calvete, y es la del fol. xxviiiv (cf. supra) sobre el alargamiento de la i de σοφίη en los Carmina Baiana de Gioviano Pontano. 4) Al citar a los autores clásicos, Calvete procura demostrar cuando puede su erudición personal: por ejemplo, en fol. vr, a propósito de los pentámetros quos per monopodiam metimur (cf. Micyllus, fol. 26r), introduce un ejemplo de pentámetro ovidiano citando a Ovidio, Her. 1,2: Nil mihi rescribas, at tamen ipse ueni. En fol. xxvr, cuando Micyllus recoge un ejemplo, tomado de Diomedes, para ilustrar los versos isochimi siue aequiformes qui unam tantum (caesuram) habent, Calvete señala que se trata de un verso de Virgilio: Vrbe fuit media, Laurentis regia Pici (Aen. 7,171; según la lectura de Diomedes). 5) Probablemente la diferencia más destacable es el interés manifestado por Calvete por los poemas figurados griegos; el primero, la Siringe o Fistula, aparece como se ha dicho entre los versos dactílicos; más adelante, entre los coriámbicos, Micyllus se había referido a otros, el Hacha y las Alas, quae cum Idylllis Theocriti circumferuntur (fol. 72r), aportando el texto del segundo de los poemas, que –dice Micyllus— Latinis uersibus reddidi.[54] Calvete opta, en cambio, por trascribir el texto griego /p. 502/ del Hacha con escansión (aunque no catalogación) de los versos y enmarcado en el trazo de un hacha; inmediatamente después, hace lo mismo con las Alas, cuya versificación no está relacionada con el genus choriambicum del que trataba el pasaje. La importancia que nuestro humanista concede a los technopaegnia se hace aún más patente al final del manuscrito (fol. lxxivv), cuando tras el capítulo De systole et diastole nuestro humanista vuelve inesperadamente a los poemas figurados, recogiendo esta vez el texto del Altar con sus escansiones correspondientes; a este respecto, se detiene a explicar un par de licencias métricas, aunque a continuación admite que la lectura de los cuatro últimos versos difiere in aliis codicibus impressi Venetiis et Basileae: viene entonces una versión distinta de esos cuatro versos, que no contiene las licencias antes mencionadas. Esta vacilación a la hora de aportar una versión del texto prueba que Calvete había manejado varias ediciones del Altar, o más bien de los Idilios de Teócrito, interesándose especialmente por los technopaegnia o poemas figurados; de la dedicatoria de la edición de Manuzio[55] a Bautista Guarino parece haber tomado una alusión a los problemas de crítica textual, tema en el que Calvete se muestra muy interesado: Si uero prodit in publicum, erunt multi qui castigent saltem longa die. Sic in Fabio Quintiliano, sic in C. Plinio nepote, sic in nonnullis aliis factum uidemus (cf. Calvete, fol. lxxvr-v: quamquam ipsa Ara et Eidyllia Theocriti et Bipennis et Ala sic corrupta et deprauata sunt, ut apud latinos M. Fab. Quintilianus et Epistolae Caecilii Plinii). Pero de los poemas figurados la edición de Manuzio solo incluía la Siringa, atribuida por él a Mosco o Teócrito. En 1515, la colección se incrementa con algunos epigramas, las Alas y el Hacha en la edición de Pandolfino (Teócrito 1515). El primero que publica el Altar es el editor e impresor griego Zacharias Calliergus,[56] cuyos apreciadísimos escolios volvieron a publicarse en ediciones posteriores.

            Para Calvete, la fuente principal debió de ser la edición bilingüe de los Idilios griegos que había publicado en 1579 antes otro autor incluido en el Index, Henricus Stephanus (Henri Estienne, ca. 1530-1598), con escolios y notas métricas sobre los poemas figurados; de esta edición procede el primero de los dos textos del Altar citados por nuestro humanista (fols lxxvv-lxxvir); sin embargo, el segundo de los textos, según se dice, es el de las ediciones de Venecia y Basilea, que Calvete conocía también. En Basilea se habían publicado dos ediciones en 1530 y 1541, por Andreas Cratander y luego por sus herederos; la edición veneciana de Albano Torino fue el modelo para la presentación de los poemas figurados, enmarcados en su dibujo correspondiente;[57] al igual que en la edición de Venecia, en el manuscrito de Calvete, aparecen de esa manera el Hacha (fol. 76v) y las Alas (fol. 77r), pero no la Siringa ni el Altar (fols lxv-lxir y lxxviiv respectivamente).

  1. IX. Conclusión

Con la discusión sobre el texto del Altar finaliza el libro de métrica; pero el manuscrito añade aún un párrafo que nada tiene que ver con el asunto, aunque sí con los Idilios de Teócrito: en unas pocas líneas, que comienzan con Caeterum quod ad praemia pastorum inter se cantilenis contendentibus attinet, sic sentio, Calvete se detiene a considerar en qué casos el juez otorgaba el premio a uno de los pastores que rivalizaban en sus cantos, y en cuáles el premio quedaba desierto. Esta breve apostilla final le fue inspirada sin duda por la edición de Idilios publicada por Estienne, y esta desviación de la materia tratada nos /p. 503/ descubre la intención y personalidad del autor, al que, más allá del empeño en redactar un compendio erudito y académico, le falta poco para dejarse llevar por la ejecución versificatoria, el encomio artificioso y, dentro de los férreos límites de la imitatio, por su creatividad. Calvete es de los pocos humanistas hispanos que acomete en sus poemas latinos la versificacion eólica, incluso desairando la tradición épica, incuestionablemente dactílica, con sus endecasílabos falecios. Por otro lado, también en su labor de mero cronista de versos y artificios efímeros que fue en su Felicissimo Viaje, atisbamos una labor creativa, un sesgo enriquecedor de sus fuentes, si bien claramente enfocado al objetivo propagandístico de prestigiar la política de Carlos V vinculándola a aquel Imperio que sustentó la sacrosancta uetustas de los humanistas. Uno de los dísticos de la entrada del príncipe Felipe en Milán rezaba de la siguiente manera al final de la relación italiana original:[58]

Tales Roma fuit non admirata triumphos:
    adfuit hic splendor, gratia, nobilitas.

[Tales triunfos no llegó Roma a admirar:
se aparecieron aquí el esplendor, la gracia, la nobleza.]

Calvete supo transformar el énfasis trivial que desvincula ese acontecimiento presente del pasado glorioso mediante unos sencillos cambios en el dístico, para sintetizar, a través del estilema olim (quondam) / nunc, todo el alcance ideológico de esa costumbre renovada de los recibimientos triunfales de la Antigüedad Clásica:

Tales Roma fuit quondam admirata triumphos,
    quales nunc urbis gratia pulchra refert.

De tales triunfos tuvo Roma admiración en tiempos pasados,
cuales los representa agora la magnificencia de esta ciudad.[59]

            Por todas estas razones, pese al carácter secundario de este epítome de métrica, que debe entenderse como un intento de incorporar la filología europea a la vigilada tratadística hispana, creemos necesario emprender, en un próximo trabajo, la edición, traducción y comentario que merece la brillante trayectoria de humanista de su autor.

/p. 504/

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Este artículo se ha financiado con el proyecto Classica et Humanistica Hispalensia (Liber IV) FFI2011-29630, de la DGICyT (Ministerio de Economía y Competitividad).

[1] Cf. Cerdá y Rico. Describimos la trayectoria editorial de este episodio bélico, la toma y destrucción de la plaza fuerte tunecina de Mahdia o Al-Mahdiyya (1550-1553) en Solís de los Santos (2009 1329-31).

[2] En concreto, la de escritores aragoneses elaborada sobre el esquema bipartito de Nicolás Antonio: Latassa y Ortín, refundido por Gómez Uriel (263-265, s.v. ‘Calvete de Estrella [D. Juan Cristoval]’). Nacido en dicha población oscense de padres catalanes, se crió en Sabadell y Barcelona, al servicio de Estefanía de Requesens, esposa del ayo del príncipe Felipe, Juan de Zúñiga; en impresos y repertorios antiguos aparece como eques Barcinonensis, y por ello se ha reivindicado su catalanidad ―Joan Cristòfol Calvet d’Estrella―, según señala Gonzalo Sánchez-Molero (2001 xx, n. 21).

[3] Discurren los endecasílabos latinos a dos columnas con paginación propia, I-XXVIII, en Heredia Barnuevo (1741). Hemos utilizado el ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla (en adelante BUS), A 091/145. Este poema épico fue dedicado por Calvete a Pedro de Castro en 1590, cuando ya había sido preconizado arzobispo de Granada y ostentaba el mayorazgo tras la muerte sin descendencia de su hermano Antonio en 1576. Heredia Barnuevo denunció ante la Inquisición a Gregorio Mayans por su edición de Nicolás Antonio (1742), obra en la que el gran bibliógrafo sevillano desmantelaba las patrañas de los llamados Falsos Cronicones que había alentado el apoyo de Pedro de Castro a los Plomos del Sacromonte. Sobre el padre de la bibliografía hispánica, cf. Solís de los Santos (2012 78-81).

[4] Cf. Paz y Melia. Acerca de la obra de Calvete en español se ha dicho uno de los más lúcidos asertos a favor del estudio sistemático de la lengua de Lacio, que ‘está escrita con pulcritud y un excelente estilo de humanista que, acostumbrado al latín, conoce mejor por este mismo hecho los secretos del castellano y es capaz de manejarlo con diafanidad y maestría’, por Esteve Barba (491).

[5] Del presbítero José López de Toro, típico intelectual franquista, se echa en falta el elenco bibliográfico de su meritoria labor que complete la sinopsis de Pasamar y Peiró (365-366).

[6] Sobre la base de Martos, estudia fuentes y tradición clásica Weeks 2007, reelaborado en Weks 2012.

[7] Cf. Gonzalo Sánchez-Molero (1998 y 2003).

[8] Relación completa de sus obras en Díaz Gito (2003 xxxviii-xlviii).

[9] ‘La fiesta se convierte en escritura que establece un sistema poético propio’, como bien señaló López Estrada (301).

[10] Baste citar los nombres de Erasmo, Vives, Arias Montano, Plantino, Lipsio, y el repertorio de lo publicado allí en castellano durante aquellos años de comunidad política, Peeters-Fontainas.

[11] Por contra, pueden verse tachaduras de nombres de condenados por la Inquisición, como Constantino Ponce de la Fuente y Agustín Cazalla, en muchos ejemplares del Felicísimo Viaje, fols 5v y 7v; por ej., en BUS A Res. 09/3/18 y 45/5/11; de hecho, su magna obra será expurgada tras ser incluida en el Index de Sandoval.

[12] Un panorama de esta carencia de tipografía helena en la imprenta hispana de la época ofrece López Rueda (329-333), quien, sin embargo, no proporciona un esquema del contenido del tratado de Verzosa.

[13] Cf. Scepper y Calvete de Estrella (1558). El comentario de la edición latina de Salamanca (Calvete 1556) fue la primera publicación de Bartolomé Barrientos, como señala Gagliardi (2007); cf. Ead. (2012).

[14] Hemos examinado el ejemplar BUS A Res. 64/5/11; fue comentado, pero sin consideración de sus textos, por Abella Rubio.

[15] Díaz Gito (2003 xxxix), supone que este opúsculo poético es una parte del conjunto de poesía juvenil y de circunstancia compilado por Calvete en 1522 del manuscrito 397 de la Biblioteca Universitaria de Hamburgo. Este códice, desconocido en los estudios precedentes, fue descrito por Alcina (58-59, nº 20).

[16] Traducido por López de Toro (1958).

[17] Fueron las propias palabras del emperador para corregir los retrasos en la formación humanística de su heredero, según documenta March (II, 130).

[18] La reputación de Calvete como helenista se vio acreditada por las consultas sobre adquisición de códices griegos para la biblioteca de El Escorial, como documenta Andrés en su traducción y comentario de Graux (1982 155 y 180). Sobre el Comendador Griego, también llamado el Pinciano, cf. Domingo Malvadi.

[19] Citado por Gonzalo Sánchez-Molero (2001 xix). De hecho, pese a sus contactos con el mundillo universitario salmantino, donde su segundo hijo Nicolás desempeñaría la suplencia de la cátedra de prima de Teología, no llegó a ejercer ninguna docencia.

[20] Tanto el preceptor saliente, Juan Martínez Silíceo, como el equipo entrante que formaban Honorato Juan, que sería después preceptor del príncipe don Carlos, Francisco de Vargas Mejía y Juan Ginés de Sepúlveda, eran clérigos doctores en teología, cf. Gonzalo Sánchez-Molero (2003 348-373).

[21] Discute contra la filiación erasmista de Calvete, basándose en la línea confesional de los destinatarios de sus encomios (Luis de Ávila, Diego de Espinosa, el duque de Alba, Mateo Vázquez de Lecca, los Vaca de Castro, etc.) Díaz Gito (2000, 84).

[22] A partir del apellido, infiere el parentesco Díaz Gito (2006 791). De 1565 datarían los primeros encargos del panegírico del por entonces ya rehabilitado Cristóbal Vaca de Castro, según Díaz Gito (2003 lx-lxi y lxv-lxvi). El licenciado Vaca de Castro había firmado en 1559 el privilegio de impresión del citado El túmulo Imperial de Calvete. En enero de 1567 tenía redactada la biografía de Pedro de la Gasca, el enérgico prelado que terminó de sofocar las guerras entre los conquistadores del Perú, como señala Paz y Melia (i, xix).

[23] Hasta 1587 no lograría el nombramiento de cronista latino de Su Majestad, cuyos consejeros pretendieron contrarrestar el deterioro de la imagen internacional de la Monarquía Católica con la propagación de unos anales latinos, pero la avanzada edad de nuestro humanista ya no podría emprenderlos en su integridad, según señala Kagan (194-195).

[24] Cf. López de Toro (1947 xxix-xxx). Sin duda el título Elogio de Vaca de Castro iba en desagravio de Calvete por la publicación decenios antes de una obra del cronista real Antonio de Herrera y Tordesillas (1559-1625) en la que parafraseaba el texto latino del entonces perdido De rebus Indicis; cf. Silva (1918), según demostró el mismo López de Toro (1950, I, lxv- lxvi).

[25] Cf. Gallardo (II, 47b): ‘Estella Calvete (Joannes Chrisostomus [sic]) De versuum genere epitome, an. 1587 (M, 135)’. A este asiento remite Kristeller (IV, 549a): ‘4237 (M 135), Gallardo, p. 47, a prose treatise on metrics. At the end: Salmanticae Mense Julio an. mdlxxxvi’, fols. 78v-80v en blanco. The author is...’; y, registrando el incipit de su poema nuncupatorio, Alcina (58, nº 17).

[26] Cf. Madrid, BNE, ms. 18841, fols 35-42, según señala Andrés (1983 169). También se conocía ya la procedencia del manuscrito 17917 de la BNE de Madrid ―De rebus Vaccae Castro― gracias a Roca (251, nº 737).

[27] Cf., respectivamente, Andrés (1983 168, nº 129 y 162, n. 2).

[28] Según Valderas Alonso (308).

[29] Cf. Andrés (1978 32).

[30] Cf. Antonio (1783 I, s.v. ‘Ioannes Christophorus Calvete de Estrella’, 677-678).

[31] Según una noticia no contrastada que proporciona Lorenzo Ramírez de Prado a otros bibliófilos, que señala Paz y Melia (1, xxvi).

[32] Dato que debemos a Ollero Pina.

[33] Así lo declaró en carta a Mateo Vázquez, Salamanca, 9-IX-1584, cit. por Gonzalo Sánchez-Molero (2001 xlvii, n. 162).

[34] Según carta del cronista Gil González Dávila, Madrid, 2-IV-1648, citada por Paz y Melia (i, xxviii).

[35] La etimología árabe, de la que se hizo eco, entre otros, la edición de Noydens de Covarrubias (1674,  s. v. ‘Valladolid’, 991b), aunque sin fundamento histórico, ha tenido sus defensores, según señala, dando razón de un étimo mucho más antiguo, Montenegro Duque (13).

[36] El licenciado Cristóbal Vaca de Castro (ca. 1492-1571) había emparentado por matrimonio con los Quiñones, condes de Luna: cf. Martínez Millán y De Carlos Morales (491-492).

[37] Agradecemos a Pilar Egoscozábal Carrasco un examen posterior del manuscrito, que revela la independencia del folio de la dedicatoria delante de los cuadernillos del tratado.

[38] Además de nosotros, el Inventario de la Biblioteca Nacional (307), lo ha titulado sin fundamento alguno: ‘De arte metrica, en latín’; Kristeller (II, 47b), “a prose treatise on metrics”; para Gonzalo Sánchez-Molero (2001 580, n. 272), el manuscrito contiene un ‘muy completo compendio de las diferentes formas de versificar en latín’; y según Díaz Gito (2003 xliv), contiene ‘un tratado sobre métrica’.

[39] Como demuestra el análisis completo de toda la tratadística conservada debido a Leonhardt (1989) en 28-31.

[40] Estudia las innovaciones de los gramáticos cuatrocentistas Lozano (987).

[41] Respectivamente, Sabbadini (1914 106, y 1903; cf. también Ludwig (1987). El tratado de Lovati tiene su lugar en el registro de Leonhardt (1989, nº A 4.15, 218).

[42] Cf. Bonmatí Sánchez (75-7); Codoñer (38), y Lozano (229-30). Hemos manejado, de la ed. Salamanca, 1495, el ejemplar de la Biblioteca Capitular y Colombina (en adelante BCS), 87-7-8, cf. García de la Concha y Sáez Guillén (1991 nº 36, 96).

[43] Según Salvadó Recasens (312); el hispalense o lebrijano, que no salmantino, como lo llama Salvadó, siguió más estrechamente que el vasco Martín Ibarra la fuente de ambos, el libro I de las Institutiones de Quintiliano. Esta repetitio de prosodia fue la más editada, según la página web de Pedro Martín Baños, http://corpusnebrissense.com.

[44]  La hipótesis sobre el impresor es de Ruiz Fidalgo (I, nº 119).

[45] Hemos consultado el ejemplar, mútilo pero concienzudamente subsanado, de BUS A Res. 21/3/21 (Vergara 176-208); tuvo otras ediciones fuera de España, como registra Leonhardt (1989 282, nº B 160), incluso en posteriores ediciones del compendio de Posselius (85-228), según comprobamos en el ejemplar de BUS A 049/013. Sobre el helenista toledano, cf. Pérez Martín.

[46] Aborda todos los aspectos de prosodia y métrica latinas ocupando el tercer libro de su gramática; hemos consultado el ejemplar de BUS A Res. 64/4/22 (Álvares 631-740), cuyo capítulo ‘De accentu’ no aparece en otras ediciones. Una panorámica de re metrica hasta la didáctica de la Compañía ofrece Pascual Barea.

[47] Se trata del eneasílabo y decasílabo del poema en estrofas alcaicas De laudibus Rhacusae, en Epigramma iv, 17, 23-24, cf. Perosa (90). La cita de Calvete contiene una comprensible errata, uiroque en vez de utroque, que no altera la secuencia prosódica del verso en cuestión.

[48] Cf. Leonhardt (1989 90-109), e Id. (1996 308-14).

[49] Sobre el modo de establecer las reglas prosódicas, cf. Leonhardt (1996 309-11).

[50] Perottus; cf. Leonhardt (1996 311) y Lozano (2004 231).

[51] Cf. Seidel. Un elenco de las obras de Micyllus presenta Hautz (61-66).

[52] Demuestra las componendas de la edición académica complutense para servirse subrepticiamente de la tratadística gramatical de Erasmo y Melanchthon Galán Vioque (1994), e íd. (1996).

[53] Trata de la descripción renacentista de los versos líricos Del Grande (155-159); cf. también Luque Moreno.

[54] Lo tradujo él mismo, ya que no figuraba en la versión latina de Eobanus, según hemos comprobado en el ejemplar de la BUS BUS A Res. 08/6/04 (Teócrito 1531). La primera edición que añadió la Siringa, las Alas y el Hacha (no el Altar) fue la de Pandolfini (Teócrito 1515); enumera todas las ediciones de los technopaegnia, su transmisión y exégesis, Strodel, cit. por Galán Vioque (627, n. 2). Estos carmina figurata están reproducidos y comentados en Carbonero y Sol y Merás (235-241), y Cózar, a partir de Cantú (423-428).

[55] Que es parte integrante de un volumen más amplio (Teócrito 1495). Sobre las ediciones renacentistas de Teócrito, cf. Harless (511-516), y Hoffmann (III, 472-481, s. v. ‘Theocritus’).

[56] Cf. Teócrito (1516). El título latino de la edición juntina de Pandulfino aparece en el colofón, como comprobamos en los ejemplares sin portada de la BUS A Res. 08/6/04, y A Res. 70/5/08 [ΘΕΟΚΡΙΤΟΥ ΒΟΥΚΟΛΙΚΑ].

[57] Respectivamente Teócrito 1530 y 1541, y 1539.

[58] La relación impresa La solenne entrata del serenissimo prencipe di Spagna, fatta nella magnifica Città di Milano alli xix. di Dicembre, L’anno M. D. XLVIII (sin indicaciones tipográficas), se encuentra inserta en el misceláneo de la Real Biblioteca de El Escorial, manuscrito V.II.4, nº 145, fols 349-352; cf. Miguélez (1917 112).

[59] Es uno de los pocos textos latinos que el propio Calvete traduce, cf. El Felicíssimo Viaje, f. 25r; por respetar el sangrado de los versos latinos, entre otras razones, hemos manejado el ejemplar de la BUS A Res. 45/5/11.