Hispalensia: Sevilla en la historia cultural

La página Classica Hispalensia pretende recoger y difundir las investigaciones y estudios sobre aquella cultura humanística de Sevilla que la enmarcan en la historia cultural de nuestro Siglo de Oro. Porque en la Sevilla del Siglo de Oro se intercambiaron y se gestaron algunas de las ideas y fenómenos característicos de ese periodo en que España alcanzó el único protagonismo que ha ejercido en la historia de Occidente. Sevilla fue la ciudad más importante de España cuando España era el país más importante del mundo. En Sevilla tuvo que ser donde se ideó e imprimió, en un poema en lengua latina, este término de Siglo de Oro de la poesía española (1580). En Sevilla se construyó, para provecho y disfrute de su población, el primer jardín público de la Europa moderna (1574). En Sevilla nació y se educó quien elaborará la primera bibliografía orgánica de todo lo concerniente a España (1672). Sevilla tal vez sea la única ciudad cuyo monumento más insigne ostenta inscrito un versículo sagrado con su cita bibliográfica (1568). No en vano el primer hispalense universal fue el último gran compilador del saber de la Antigüedad clásica.

«Relaciones de sucesos de Inglaterra en el reinado de Carlos V», M. F. Fernández, C. A. González, N. Maillard (comp.), Testigo del tiempo, memoria del universo. Cultura escrita y sociedad en el mundo ibérico (siglos XV-XVIII) (Barcelona: Ediciones Rubeo, 2009) 640-698. 

 

Londres en Sevilla a través de un reportaje de guerra de 1554. En Sevilla fueron impresos los relatos más antiguos que narran sucesos de Inglaterra. Estas publicaciones, denominadas relaciones de sucesos, son los antecesores de las crónicas y reportajes del periodismo moderno, y como tal medio de comunicación, combinaban la narración de acontecimientos de actualidad con una buena dosis de mensaje ideológico, como siempre ha ocurrido. Esta relación fue publicada en la primavera de 1554 al menos por dos impresores de Sevilla, Juan Canalla y Simón Carpintero, y cuenta la derrota junto a Londres de una insurrección contra la reina de Inglaterra María Tudor a causa de su proyectado matrimonio con Felipe II, a la sazón príncipe de España y 11 años menor que ella. María era hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, tía materna de Carlos V, y recibió la corona en 1553 después de la muerte de su hermanastro Eduardo VI, bajo cuyo reinado habían avanzado aún más la reforma protestante y la ruptura con la Iglesia, y tras superar una intentona de entronizar a la heredera en último lugar del testamento del rey Enrique, la joven Lady Jane.

Con la llegada al trono de María se iba a establecer el retorno de Inglaterra al redil de la Iglesia Romana, lo que se agravaba con el temor a la Inquisición cuando consumara su boda con el hijo del emperador Carlos V, el futuro Felipe II. Un grupo de nobles y parlamentarios junto con la mitad de los regidores londinenses, prepararon un golpe de estado que eliminaría al rey consorte y a su séquito extranjero para imponer a la reina sus criterios políticos y religiosos. Los conspiradores se precipitaron en sus planes y en febrero de 1554 atacaron la capital del reino, donde esperaban ser acogidos por sus numerosos partidarios. Entonces, la reina, lejos de protegerse en la fortaleza de la Torre de Londres, como le aconsejaban, se presentó en el ayuntamiento y dio un discurso al pueblo con el que se ganó gran parte de las voluntades que antes tenía enajenadas. Finalmente, la insurrección fue sofocada y las represalias llegaron al extremo de granjearle a esta reina ese infame apelativo que hoy día parece mitigar el nombre de un conocido cóctel (Bloody Mary).Los poderes cortesanos, tanto los del emperador y rey de España, que entonces residía en Bruselas, como los del príncipe Felipe en Valladolid, se lanzaron a una labor propagandística en apoyo de esa aventura dinástica, que habría de continuarse después de la boda real el 25 de julio del mismo año en Winchester, y en esta campaña se inscribe la anónima relación publicada en Sevilla. Fue escrita por Antonio de Guaras, un mercader aragonés residente en Londres que ya había firmado otra relación más extensa acerca de los turbulentos sucesos anteriores a la coronación de María I.

En esta de las Rebeliones de Inglaterra, que así se titula, destaca tanto la agilidad narrativa no exenta de gracejo (la reina «estaba hecha una leona y mostraba el mayor ánimo que el más valiente hombre del mundo»), ni de reconocimiento del valor de sus enemigos («el dicho Huet [es decir, Sir Thomas Wyat, hijo del poeta cortesano del mismo nombre que galanteaba a Ana Bolena] era el mejor soldado que había en el reyno»), como la capacidad de síntesis para resumir con tanta viveza lo fundamental de los sucesos en el formato de cuatro hojas habitual en estas relaciones impresas, rematado a menudo con una composición en verso. Resulta especialmente curioso la denominación de lugares e instituciones de Londres, que denotan un conocimiento cotidiano del entorno, a través de la peculiar transliteración de nombres extranjeros característica de la lengua española del Siglo de Oro: Suduart  (Southwark), Quinqueston (Kingston upon Thames), Gosmester (Westminster), aldremanes (Aldermen), Mayre (Mayor). Esta relación, de la que se ha conservado completo un único ejemplar en la Bodleian Library de la Universidad de Oxford, ha sido publicada en el estudio titulado «Relaciones de sucesos de Inglaterra en el reinado de Carlos V», que se presentó en el congreso celebrado en noviembre de 2007 en la Universidad de Sevilla sobre «Cultura escrita y sociedad en el mundo ibérico», cuyas actas han sido reunidas ahora en el libro Testigo del tiempo, memoria del universo. Cultura escrita y sociedad en el mundo ibérico (siglos XV-XVIII) M. F. Fernández, C. A. González, N. Maillard (comp.), Barcelona: Ediciones Rubeo, 2009, 640-698. 

Consultar artículo en PDF