UNIVERSIDAD DE SEVILLA. FILOLOGIA GRIEGA Y LATINA                                                                           Prof. José Solís de los Santos. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.                                                                                       

Nociones básicas de prosodia y métrica dactílica

La primordial expresión del arte literaria es la composición en verso. La palabra verso viene del verbo vertor, versum ‘volver’, de donde también procede el concepto opuesto, prosa, pro(uor)sa, aunque los latinos la denominaron más técnicamente con el término de oratio soluta, discurso o frase suelta, no amarrada, como el verso, que, para que ‘vuelva’, debe ir vinculado en su discurrir a determinados factores de retorno. Es decir, en las composiciones en verso existe un sistema interno de recurrencias formales. En la versificación de las lenguas actuales, el más llamativo de estos procedimientos es la rima, pero no menos significativo y mucho más importante es el ritmo producido por el acento.

El factor básico del sistema rítmico del latín clásico es el juego de alternancia y contraste de sílabas largas y breves en la cadena discursiva. Pero como este principio no existe en la lengua española, es prácticamente imposible que podamos reflejar esta diferencia en nuestra pronunciación del latín, y, por ende, esta carencia podría crear en el principiante la impresión de que todo ello no es sino un cúmulo de licencias poéticas o de elucubraciones de gramáticos. Nada más lejos de ésto. Ha de quedar claro, en primer lugar, que toda licencia métrica de cualquier lengua debe tener una base prosódica, es decir, lingüística; y segundo, en lo que respecta a la comprensión de la literatura romana, está fuera de toda discusión que esta diferencia de cantidad era un hecho vigente en la comunicación hablada.

Como ejemplo que ilustra esta última afirmación, se puede mencionar una anécdota de la biografía de Nerón, quien, según cuenta Suetonio (Nerón 33.1), hacía las delicias de los aduladores escarneciendo la memoria de Claudio, su padre adoptivo y anterior emperador: Nam morari eum (sc. Claudium) inter homines producta prima syllaba iocabatur ("Pues, alargando la primera sílaba, bromeaba diciendo que éste había dejado de morar entre los hombres"). El juego de palabras, intraducible, consistía en que, al alargar la o de morari, convertía este verbo latino, que significa 'habitar', 'morar', en otro híbrido del griego a partir de μωρός [mōrós] ‘obtuso’, ‘lerdo’, con lo que el ingrato hijo de Agripina insinuaba en realidad que “dejó de hacer el tonto entre los hombres”. Tuvo que añadir Nerón a sus incontables infamias el que, encima, contaba chistes malos, pero desde luego éste no habría podido hacerlo si no se percibiera claramente en aquella comunidad lingüística la distinción entre vocales largas y breves.

Así pues, el principal procedimiento de versificación en la literatura clásica es el que se basa en la diferencia de cantidad de las sílabas. Sílabas largas por naturaleza (syllabae natura longae) son aquellas cuyo centro silábico está ocupado por una de las cinco vocales largas o un diptongo. Sólo hay tres diptongos en latín: ae, oe, au; también se consideran diptongos ei, eu, ui; fuera de éstos, cualquier encuentro de vocales constituye en latín sílabas distintas: familia = fa / mi / li / a.

Sílabas largas por naturaleza (syllabae natura longae) son aquellas cuyo centro silábico está ocupado por una de las cinco vocales largas o un diptongo. Sólo hay tres diptongos en latín: ae, oe, au; también se consideran diptongos ei, eu, ui; fuera de éstos, cualquier encuentro de vocales constituye en latín sílabas distintas: familia = fa / mi / li / a.

Sílabas largas por posición, o convención, (syllabae positione longae) son aquellas cuya vocal va seguida de dos o más consonantes, bien estén en la misma palabra, cōndĕre gēntem, bien en la palabra que le sigue, quem mala. Esta norma general se extiende también a las vocales seguidas de consonantes dobles, x, z, e i entre vocales. La i en principio de palabra seguida de vocal tiene valor consonántico pero no alarga la vocal que inmediatamente le preceda: ét premer(e) ét laxás scirét dărĕ iússus habénas (Verg.Aen.1.63).

Las vocales breves en sílabas finales abiertas delante los grupos de consonantes sc, sp, sq, st, y las griegas ps, x, z, permanecen breves.

Vocal breve seguida de oclusiva (c, ch, g, p, ph, f, b, th, d) más líquida (l, r), puede medirse como larga o breve, a elección del autor, pero es necesario que la oclusiva más la líquida, (muta cum liquida), estén en la misma palabra, e incluso pertezcan a la propia raíz: pătrem, ăgri. Si la vocal es larga por naturaleza, o la oclusiva está en distinto componente que la líquida será larga: es larga por naturaleza en mātrem; son largas por posición en restituīt rem, sūbrigo (< sŭb + rego).

Son breves por naturaleza las sílabas cuya vocal es breve sin que concurra ninguna de las circunstancias anteriores. Son sílabas breves por posición las que terminando en vocal van seguidas de otra sílaba que comience por vocal o por h (filius, veho). Esta regla general, vocalis ante vocalem corripitur (una vocal se abrevia delante de vocal), tiene algunas excepciones:

            La i del verbo fio en aquellos tiempos en los que no hay r, fīunt, pero fĭĕri, fĭĕrem.

            La ­e de gen. dat. sg. de la quinta declinación cuando preceda una ­i­: diēi, speciēī, perniciēī. Los gen. y voc. de los nombres en ­aius y ­eius: Pompēī, Gāī.

            Fluctúa la ­i­ de los gen. pronominales en ­ius: istius, illius, ipsius; siempre largo en alīus (nom. alĭus); siempre breve en utrĭus, solĭus, alterĭus.

            Las palabras griegas (āër, Aenēas, Talīa) no se sujetan a la prosodia latina.

            Son breves todas las sílabas finales cerradas por consonante que no sea ­s; (monēs, de monēre, pero monĕt); esto no quiere decir que toda sílaba cerrada por ­s vaya a ser larga: sólo lo será si lo es por naturaleza.

            Se exceptúa la mayoría de los monosílabos, que suelen ser largos, ya sean sílabas cerradas o abiertas; dic, sic, lar, par, me, se, te, de, pro, e, a, ius, mus, etcétera; pero también hay breves: et, per, cor, fel, mel, os, ut.

            La u precedida de q no tiene ningún valor prosódico, ni hace posición. Precedida de g, tampoco lo tiene en los nombres cuyo nominativo tiene una vocal distinta de ­u­ siguiendo al grupo gu­ (lingua, sanguis, anguis, pero exiguus, exiguo); en el verbo arguo y compuestos, y en los perfectos en terminados en ­gui, sí tiene valor prosódico, por supuesto breve.

            La u precedida de s en palabras como suadere, suauis, suetus, puede no tener valor prosódico ni hacer posición, y quedarían: [svadere, svavis, svetus]; pero en el posesivo suus ­a ­um, la u siempre cuenta como vocal breve.

            Fenómeno prosódico importante concerniente a la conversión de largas en breves es el conocido por correptio iambica (abreviación de los yambos), que puede ser enunciado así: en palabras bisilábicas con estructura yámbica (u ─ breve, larga) se puede presentar la segunda sílaba medida como breve. En el hexámetro clásico esta regla se produce en pronombres personales: ego, sibi, mihi, tibi; adverbios: modo, cito, bene, male; presentes de indicativo bisilábicos con la primera breve: amo, veto, scio, etcétera.

            La regla prosódica que más se cumple es la elisión o sinalefa, consistente en la pérdida del valor prosódico de una sílaba final terminada bien en cualquier vocal o bien en vocal más ­m, siempre y cuando la siguiente palabra comience por vocal o h; la cantidad que cuenta es la de la siguiente, pero en la versificación dactílica clásica es raro que una sílaba final larga sea elidida delante de una breve.

            La elisión se convierte en aféresis o prodelisión, caída de la vocal inicial cuando a una palabra terminada en vocal, ­m, o en nom. sg. ­us, y en latín arcaico también ­is e ­i, le siguen las formas verbales es o est.

            El fenómeno contrario a la sinalefa es el hiato, encuentro de dos vocales en el que conservan ambas su cantidad propia; suele darse detrás de alguna pausa o cesura en interior de verso: Múnera súnt laurí | et suáve rubéns hyacínthus (Verg.Buc.3.63).

            Sinicesis es la contracción de dos vocales contiguas de la misma palabra en una sola sílaba larga, proinde, eundem, etc. Algunas de estas palabras pueden ser: adjetivos o sustantivos terminados en ­eus, ­ea, ­eum; los casos de idem en que la segunda sílaba sea larga: eundem / eundem; y otras como deorsum, prout, quoad, deinde, etc.

            Consonantización: consiste en tomar como consonante la i o la u vocálicas. Su efecto métrico es como la sinicesis, hacer de dos sílabas una, y además, alarga la sílaba precedente: abiete, pariete > ab / je / te / , par / je / te.

            Cantidades vocálicas de los morfemas gramaticales: Toda sílaba cuya vocal vaya seguida de dos o más consonantes se considera larga; asimismo, en interior de palabra las consonantes dobles i, x, z alargan la vocal que preceda; que es breve la vocal seguida de otra vocal; y que las sílabas finales cerradas por consonante distinta de ­s resultan breves en latín clásico. La i final en sílaba abierta es larga, salvo que se produzca la correptio iambica.

La acentuación es otro dato que se debe tener en cuenta en la cantidad vocálica. Exceptuando algunas palabras que por apócope se deberían pronunciar como agudas, p.ej., illic(e), istinc(e), la gran mayoría de las palabras latinas son o graves o esdrújulas, pues el campo acentual no pasa de las tres últimas sílabas. El acento latino está condicionado por la cantidad de la penúltima sílaba: si ésta es larga por naturaleza o por posición, el acento de intensidad cae sobre ella; si breve, en la que le precede: fecerāmus, pronunciación grave o llana [fekerámus], fecĕrat, esdrújula [fékerat].

            Las desinencias de los casos:

Nominativo: sg. 1 ­ă . 2 ­ŭs.

                    3 ­s: la ­a­ seguida de ­s es larga (cf. la pronunciación paroxítona o llana de los gen. ­ātis: civitatis); ­o: puede ser tanto larga como breve; la vocal seguida de ­s de los neutros siempre es breve.

                    4 ­ ŭs, ­ŭ.  5 ­ēs.

            En pl. todos los nominativos son largos salvo la ­ă de los neutros.

Vocativo sg. 2 ­ĕ, ­ī.

Acusativo sg.: toda sílaba final cerrada por ­m es breve.

            En pl. todos los acusativos son largos salvo los neutros.

Genitivo sg: 1 diptongo: pero el gen. arcaico ­āī 2 ­ī 3 ­ĭs 4 ­ūs 5 ­ēī. pron. ­ūjŭs.

            En pl. 1 ­ārum 2 ­ōrum 5 ­ērum. El pl. de la 3 de los neutros en ­ŭs  es ­ŏrum; pero la o breve pertenece al tema de la palabra, no a la desinencia.

Dativo: sg. 2 ­ō.  3 ­ī.  4 ­ū).  5 ­ēī . pron. ­ī

            En pl. 1 ­īsābus) 2 ­īs 3 ­ĭbus 4 ­ĭbusŭb­) 5 ­ēbus.

Ablativo: sg. 1 ­ā2 ­ō.  3 ­ĕ / ­ī. 4 ­ū5 ­ē.

            Los pronombres tendrán la misma cantidad que los nombres cuando sus desinencias coincidan con las de estos.

Personales: Las formas monosilábicas son largas (tu te me se nos vos); dat. y abl. pl.: nōbīs vōbīs; dat.: mihī > mī, tibī, sibī (también breves por correptio iambica).

Demostrativos: gen. sg. ­ius; dat. sg. ­i.

Relativo­interrogativo: gen. sg. cūiŭs [cūjus]. Dat.sg. cui escandido en el héxametro clásico como sinicesis; nom. sg. del interrogativo, quĭs; pero dat. abl. pl. quīs, equivalente a la forma usual quĭbŭs.

            Otros formantes gramaticales.

Comparativo: ­ior, ej.: altiōra maiōra, pero en nom.sg. altiŏr altiŭs.

Superlativo: ­issĭmus.

Adverbios: ­ē, latē verecundē, pero los bisilábicos, como bene male, pueden abreviarse por correptio iambica+.

Enclíticas: ­quĕ, ­vĕ, ­nĕ, ­psĕ, ­ptĕ, son breves.

Formas verbales. Para simplificar también estos listados se van a seguir suprimiendo todas las desinencias cuyas cantidades quedan despejadas gracias a los puntos precedentes, a saber, las largas por posición y las breves finales por ir cerradas por consonante distinta de ­s.

            Desinencias personales activas: ­mŭs, tĭs; pasivas: ­rĭs / ­rĕ, ­mĭnī.

            Desinencias del perfecto indicativo: ­ī, ­istī ­ĭmŭs, ­istĭs, ­ērunt / ­ērĕ.

            Los presentes indic. están relacionados con la vocal temática de las conjugaciones:

I conjugación: tema en ­ā, inf. pres. act. amāre, y por tanto: amo amās amāmus amātis. Excepción es el verbo dăre que presenta la a siempre breve, dăbant dăbit dătum dărem, menos en los monosílabos dās dā.

II conjugación: tema en ­ē, inf. pres. act. monēre; moneo monēs monēmus, etc.

III conjugación: temática ĕ > e/i, inf. pres. act. legĕre; pres. ind. act.: legis legimus legitis; pres. ind. pas.: legĕris/legĕre legĭtur legĭmĭnī.

III conjugación mixta: tema ­i > i/e, inf. pres. act. capĕre; pres. ind. act.: capio capis capimus; pres. ind. pas.: capĕris/capĕre capĭtur capĭminī.

IV conjugación: tema en ­ī, inf. pres. act. audīre; pres. ind. act.: audio audīs audit audīmus audītis; pres. ind. pas.: audior audīris/audīre audītur audīminī.

Imperfecto de indicativo: amā­, monē­, legē­, capiē­, audiē­;

            ­bam, ­bās, ­bat, ­bāmus, ­bātis, ­bānt; pasiva: ­bar, ­bāris /­bāre, ­bātur, ­bāmur, ­bāminī, ­bāntur.

Futuro imperf. act. y pas. de los vbs. con infinitivo en ­āre, ­ēre:

            ­bo, ­bor, ­bis, ­bĕrĭs ­bĕrĕ, ­bĭtur, ­bĭmŭs, ­bimur, ­bitis, ­biminī.

Futuros y presentes de subjuntivo:

            Es larga la ­ē­, característica temporal del fut. imperf. act. y pas. de los vbs. con inf. en ­ĕre, ­īre; y también la del presente subjuntivo de los vbs. con inf. en ­āre.

            Es larga la ­ā­, característica temporal del pres. subjuntivo de los verbos con infinitivo en ­ēre, ­ĕre, ­īre.

Imperfecto de subjuntivo: característica temporal: ­­ que se abreviará cuando corresponda, esto es, la 1ª pers. del sg. act. y pas. y la 3ª del sg. act. La sílaba que precede a esta característica temporal no está sujeta a ningún cambio: amārem monērem legĕrem capĕrem audīrem.

Imperativo presente: el sg. no tiene desinencias: ămā y mŏnē pueden pasar a breves (ăma mŏne) por la *correptio iambica+; en cambio, lĕgĕ căpĕ audī; pl.: ­te: amāte monēte legĭte capĭte audīte.

Imperativo futuro: ­ (puede ser también  breve) ­tōte ­ntō.

Infinitivo pres. pasivo: ­ī: amārī monērī legī capī audīrī.

            Tiempos del perfectum: Los perfectos en ­ui tienen larga la vocal que precede; esta vocal pertenece al lexema del verbo en su tema de perfecto.

Infinitivo de pasado o de perf. act.: ­isse.

Pluscuamperfecto de indicativo: ­erā­: ­eram ­erās ­erat ­erāmus.

            ­erātis. De subj. ­īssē­: ­issem ­issēs ­isset ­issēmus ­issētis.

Futuro perf.: ­ĕro ­ĕrĭs ­ĕrit ­ĕrĭtĭs.

Perfecto de subj.: ĕrim, y desde la época clásica igual al fut.perf.

            Los participios, gerundio y gerundivo se acogen a la declinación nominal a la que pertenezcan. Participio de Futuro act.: ­ūrum.

El llamado supino pas.: ­ū. Respecto a los supinos, las vocales A E O U que preceden al morfema ­tum, ­sum, suelen ser largas. La i es larga si corresponde a un perfecto en ­īvi: como audītum petītum, pero es breve si el perfecto es en -­ui no precedido de vocal: habĭtum (habui), monĭtum (monui), tacĭtum (tacui).

Versificacion dactílica

            La versificación cuantitativa se basa en una sucesión rítmica de sílabas largas y breves. Esta sucesión se estructura en una serie de unidades métricas, a saber, pie, metro, verso y estrofa, que definen y marcan la versificación.

            La marca que da significado a la cadena rítmica se denomina ictus, que en la mayoría de los tipos de versos cae en sílaba larga. La alternancia de partes marcadas e intervalos entre ellas es lo que produce el ritmo.

            En el hexámetro concretamente, esas unidades van representadas por el dáctilo, pie métrico constituido por una sílaba larga seguida de dos breves. La sílaba larga que inicia esta unidad métrica es el elemento marcado del ritmo (elementum longum), o tiempo fuerte, donde va el ictus o golpe que lo marca. El grupo de dos breves que siguen a este elemento es el no marcado. En la versificación dactílica jamás habrá una sola sílaba breve entre dos largas.

            Las dos breves que constituyen el elemento no marcado del dáctilo ( /  u u) pueden estar sustituidas por una sílaba larga; dicho pie se denomina espondeo ( /     ). Por tanto el hexámetro es un verso de seis unidades métricas, dáctilos o espondeos, excepto el quinto pie, que casi siempre es dáctilo, y el sexto, que siempre es espondeo: la última sílaba de verso es indiferente a la cantidad y se señala con x , o más comúnmente por u . Este elemento indifferens es el que ocupa el elemento no marcado del espondeo final. El esquema del hexámetro es como sigue:

 /  u u ,  /  u u ,  /  u u ,  /  u u ,  /  u u ,  /  u

            El final de un quinto pie espondeo no puede nunca coincidir con final de palabra: por esta norma, la remota posibilidad de encontrar un hexámetro espondaico está aún más restringida: márgine térrarúm porréxerat Ámphitríte (Ov.met.1.14).

            Resulta muy raro en los hexámetros espondaicos que su 4º pie sea también espondeo:

                        xa per /  ét scopu/ lós et / prēs / sás con / vállis (Verg. georg. 3.271).

            Es único en la poesía clásica conservada este hexámetro formado solamente por espondeos (holoespondaico):

                        qui te lenirem nobis, neu conarere (Catull. 116.3).

            El ictus, que representamos con tilde, va en sílaba larga; entre éstas, si hay una sola sílaba, será larga; si hay dos, serán breves. Llevarán ictus la primera sílaba del verso y la penúltima.

            La recitación de un verso tan largo, entre trece y diecisiete sílabas, exige alguna pausa en su interior: es lo que se denomina cesura. Este corte nunca rompe una palabra y casi siempre va en medio de un pie; de lo cual se deduce que es rara la coincidencia de pie métrico y palabra, sobre todo en  segundo, tercero y cuarto pie. Las cesuras se clasifican según el lugar del verso en que se sitúen:

a) Pentemímera, después del quinto medio pie, es la más corriente:

            Cónticuér(e) omnés | inténtiqu(e) óra tenébant

b) Trocaica, también llamada femenina, detrás de la primera breve del tercer dáctilo:

            Spárgens húmida mélla | sopóriferúmque papáver

c) Heptemímera, después del séptimo medio pie:

            Áccipiúnt inimíc(um) imbrém | rimísque fatíscunt

d) Triemímera, tras el tercer medio pie:

            Quídve doléns | regína deúm tot vólvere cásus

e) Diéresis bucólica; cuando la pausa no va en mitad de un pie sino entre dos de ellos, se denomina diéresis, que en el hexámetro clásico sólo se da tras el cuarto pie:

            Pólli(o) et ípse facít nova cármina: || páscite táurum

            Todas las cesuras, excepto la pentemímera, suelen aparecer combinadas en el mismo hexámetro, como:

                        Infandum | regina | iubes | renovare dolorem

donde se dan respectivamente la triemímera, trocaica y heptemímera.

            En combinación alterna con el hexámetro tenemos el otro verso dactílico, el pentámetro. Consiste éste en la repetición del primer hemistiquio del hexámetro antes de la cesura pentemímera. Es un verso dividido por una diéresis central, aunque a veces este corte está oscurecido por la elisión, bastante rara, por lo demás en el pentámetro. El juego de sustituciones por dos breves de las sílabas largas no marcadas está rigurosamente reducido al primer hemistiquio: el segundo hemistiquio del pentámetro debe constar de dos dáctilos puros más la sílaba final.

            Su esquema es:  /  u u ,  /  u u ,  /  ||  /  u u ,  /  u u , u

            Este verso de cinco pies dactílicos no se da en la literatura clásica si no es como segundo componente del llamado dístico elegíaco, que es la composición métrica más utilizada después del hexámetro, y se compone de éste, seguido del dicho pentámetro, que debe escribirse con un pequeño sangrado respecto al verso hexámetro, e impar, que le precede:

                        Od(i) et amo. | Quar(e) id faciam, | fortasse requiris.

                            Nescio, sed fieri || senti(o) et excrucior.

            En esta especie de estrofa, que puede contener una idea completa, con frecuencia encerrada en una frase independiente, en la que el hexámetro plantea y el pentámetro resuelve, están escritos los epigramas, las elegías, tanto las eróticas como las dolientes, y también una buena parte de la poesía didáctica.

© José Solís de los Santos